Alimentos frescos

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La importancia de la ley de la estación: productos más baratos y de mayor calidad

 

Todo el mundo a la hora de comer, en los fogones públicos y en los privados, debería tributar un homenaje a la diversidad y variedad de la despensa española, a sus grandes productos y a quienes los extraen, preparan y distribuyen para que puedan dar lo mejor de sí mismos cuando llegan a la mesa. ()

Y para que nuestra inmensa y maravillosa alacena dé lo mejor de sí misma y facilite los mejores resultados desde el punto de vista nutricional, conviene respetar siempre las leyes de la estación. En cada temporada se producen los mejores productos, los más abundantes y a mejor precio. Conclusión: la cocina de estación nos ayuda a estar energéticamente equilibrados y hace que no tiemble nuestro bolsillo. Pero, por encima de todo, nos compensa en el paladar ya que se trata de la materia prima más sabrosa.

La cocina estacional de cada región acumula las mayores ventajas desde todos los puntos de vista. Y, como hay tiempo para todo, ya habrá ocasión también de descubrir las bondades y sorpresas de la cocina étnica, cada vez más presente en nuestras ciudades multiculturales.

Estacionalidad

Los productos con los ciclos más conocidos o evidentes son, sin duda, las verduras y las frutas. Pero la estacionalidad es también extensible a la carne y los pescados pues, a pesar de las imparables tendencias de la globalización, existen las temporadas.

Por un lado, el otoño es tiempo de gran regocijo en el campo y de enormes expectativas en los fogones. Es el momento de recogida de muchos e importantes productos agrícolas: tiempo de setas y de matanzas, de caza, castañas y maíz. Después llega el invierno, con esa comida reconfortante para reponer fuerzas y combatir las temperaturas exteriores. Los grandes productos de la Navidad son referencias invernales, de la estación de esplendor y de acopio, de guisos caseros y platos de cuchara, de abundancia de tubérculos y legumbres. A a las lonjas llegan doradas, lubinas, peces espada y bacalaos entre otras muchas especies. Por su parte, el conejo de monte, el venado, la liebre o el faisán son tesoros cinegéticos de primer orden.

Hasta que llega la primavera con sus comidas más ligeras: apoteosis vegetal de guisantes, habas, espárragos, tomates, berenjenas, alcachofas, calabacines y setas; pero también de frutas como albaricoques, cerezas o ciruelas, mandarinas o fresas, y de carnes blancas como la de cordero, conejo o pularda. Sin olvidar pescados como el atún, el bonito, la trucha o el rodaballo.

Para cerrar este apasionante ciclo, el verano es una estación muy particular en la que se modifican casi todos los hábitos. Es la comida informal la que preside cada banquete, con barbacoas, mariscadas y comidas al aire libre: tomates que saben realmente a lo que tienen que saber, igual que los melones, los melocotones y las sandías. Los pescados azules, como sardinas o caballas, viven su gran momento en esta época del año, igual que calamares y congrios. Y ante el calor extremo, que no falten los helados y los sorbetes.

Carnes

Cada Comunidad Autónoma tiene especialidades cárnicas, muchas con Denominación de Origen y todas con una calidad envidiable. Leer +

Pescados

El Cantábrico, el Mediterráneo y el Atlántico aportan a las lonjas españolas una diversidad de productos marinos prácticamente inabarcables. Leer +

Mariscos

Los mariscos se presentan como uno de los lujos de nuestra gastronomía, hasta tal punto que se puede decir que España es el paraíso del marisco. Leer +

Verduras

Tomates, lechugas, cebollas, pimientos, coliflor o repollo. Zanahoria, guisantes y acelgas… un sin fin de posibilidades y todos productos españoles. Leer +

Frutas

España es el paraíso de la fruta europea. Los tres estandartes siguen siendo las naranjas, plátanos y manzanas. Toda una apoteosis de sabor, salud y colorido. Leer +