Cocina por países

Todas las grandes cocinas internacionales están bien representadas en las principales ciudades españolas

 

Las capitales europeas son escenarios multirraciales, plurirreligiosos y sin prejuicios culturales. La mezcla es cada vez más imparable y atravesamos una época donde el mestizaje se extiende por doquier y el concepto de lo nacional ha de tener presentes estas derivaciones. La internacionalización, antaño solo visible en otros escenarios europeos, es hoy moneda común en nuestras ciudades. Y uno de los ámbitos en los que se hace más evidente es en el mundo de la cocina, sometido desde siempre a influencias y donde cualquier elemento foráneo resulta extremadamente enriquecedor.

Se trata de una disciplina sumamente permeable, que agradece extraordinariamente lo nuevo. Sencillo. Es lo que piden los clientes. Es decir, la gastronomía recibe encantada cualquier aportación por remota o incierta que sea y además tiene la ventaja de saber mostrar, casi como ningún otra disciplina humana, la historia y la evolución de los pueblos. Por eso resulta tan positivo el intercambio de saberes y sabores que se efectúa cotidianamente en nuestras urbes.

El mundo es, hoy en día, un inmenso mercado global. Todos los productos coinciden en cualquier momento y en cualquier escenario. Las grandes ciudades del planeta se han convertido en escaparates coloristas e inmensos con una materia prima diversa, variada y riquísima que no solo constituye un placer para los sentidos, sino que permite un enriquecimiento indudable. En nuestras urbes hoy se puede comer de todo y eso es un claro motivo de celebración.

Por su vocación cosmopolita, grandes ciudades españolas como Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla o Valencia llevan ya tiempo siendo buenos exponentes de esta tendencia y lugares en donde esas otras cocinas se encuentran mejor representadas. España es, desde el punto de vista culinario, una inmensa Torre de Babel donde se puede comer respetando tradiciones muy diversas.

En nuestros locales se llega a producir el chocante fenómeno de que la culinaria japonesa o la peruana, tan de moda desde hace varios años, están mucho mejor representadas entre nosotros que las de muchas regiones españolas. Pero también lo están la mexicana o la china, la norteafricana o la centroeuropea, la argentina o la estadounidense, la rusa o la griega. Todas permiten al aficionado a la buena mesa dar una vuelta interminable al mundo sin moverse de su mesa.