Relaciones sociales

Como en otros lugares del Mediterráneo, nos gusta compartir con nuestro entorno las sensaciones gastronómicas 

 

En España y en el conjunto del entorno mediterráneo, buena parte de la vida se hace en la “plaza” entendida, en un sentido amplio, como lugar de encuentros e intercambios. Allí se habla del tiempo y de la salud, acaso los dos grandes temas de nuestra cultura, pero también se habla mucho de comida, de alimentación doméstica y de restauración pública, porque nuestra cultura siempre nos invita a compartir, a intercambiar experiencias y opiniones.

A pesar de que nuestro equilibrio alimentario se ha ido fraguando a lo largo de milenios, la rápida evolución de las sociedades modernas ha puesto en peligro su supervivencia en solo unas décadas. El imparable proceso de globalización ha hecho que hayamos importado costumbres y hábitos alimentarios menos saludables, totalmente ajenos a nuestra cultura. Entre ellos se encuentra el de comer solos o delante del televisor, cuando tradicionalmente en España siempre se ha comida en familia, con amigos o con compañeros, mientras se comentan las circunstancias del día. Comer ha de ser, por definición, una actividad social en la que todo el mundo tiene el derecho de opinar y de disfrutar. ()